Queridos amigos: como antes de ayer estuve en uno de los cementerios judíos de Fankfurt (ver En la tumba de Paul Ehrlich), hoy les quiero contar un chiste judío (del libro, ya clásico, de Salcia Landmann, p. 325).
El viejo de Frankfurt tuvo una ocurrencia absurda: entregar a sus tres herederos su herencia siempre y cuando, cada uno de ellos, depositara mil marcos en su ataúd.
Dos de sus sobrinos, aceptan de malas ganas el deseo sin sentido de su tío y depositan, cada uno, mil marcos en el sarcófago.
El tercero se acerca al cuerpo del tío, retira los dos billetes de mil euros, y deposita en el ataúd, junto al cuerpo del tío, donde todos lo vieran, una letra de cambio por valor de tres mil marcos, pagadera al portador.
Como diría Condorito, PLOP!
