sábado, 5 de mayo de 2007

El crucifijo como medicina

Me lo mandó un amigo desde Spain, es ocurrente y no deja de ser cierto. Como hoy es víspera del día domingo, en que probablemente no podré colocar nada en este blog, pega aún mejor... En la categoría de pensamientos.


1. QUÉ ES EL CRUCIFIJO Y PARA QUÉ SE UTILIZA

El principio activo del crucifijo es el Amor de Dios a los hombres, que se manifiesta de forma perfecta en la Cruz de Cristo, en su entrega plena.


“Cada uno de nosotros puede decir sin equivocarse: Cristo me amó y se entregó por mí” (Benedicto XVI).

Cristo es Médico y Medicina: “ninguna otra causa impulsó más a Cristo a venir al mundo que salvar a los pecadores. Si un gran médico bajó del Cielo es porque había un gran enfermo que curar: todo el mundo” (San Agustín).

La Cruz es una invitación a la entrega personal y plena, también por amor.

La Cruz es el signo más (+): lo que une el cielo y la tierra y lo que nos une a los hombres. Es símbolo universal de paz y de amor: una llamada a la concordia, a la tolerancia, a la justicia y al perdón. Manifiesta la bondad de Dios y la libertad del hombre.


2. INDICACIONES

La Cruz nos espera cada día. Se presenta de diversas formas: cansancios, tentaciones, problemas, enfermedades, desastres, muertes, contrariedades, etc.


El Crucificado nos dice: “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”.

Aseguran los expertos que muchas personas llaman cruces a realidades que no lo son. Son falsas cruces que se inventan en su imaginación por egoísmo, comodidad, falta de reciedumbre, alergia al sufrimiento, susceptibilidad, etc.


3. CONTRAINDICACIONES

No se debe utilizar jamás la Cruz de Cristo para justificar la violencia y el rencor. El odio se contradice con el Amor, que es el principio activo de la Cruz de Cristo.


Por esa razón, nunca se debe llevar u ostentar una cruz o la imagen del Crucificado de forma indigna, ridiculizando y desnaturalizando su verdadero sentido.


4. PRECAUCIONES

Desde el siglo I, la Cruz de Cristo no ha dejado indiferente a nadie. Unos se abrazan a ella por amor y otros la consideran una locura: es el llamado escándalo de la Cruz.


Es posible que, en un primer momento, acoger la Cruz de Cristo le parezca desagradable y costoso, al experimentar la renuncia y el sacrificio. Es un síntoma normal. No se preocupe. Cultive la esperanza: muy pronto actuará el principio activo del crucifijo y también experimentará la alegría del amor. Es el fruto del abrazo gozoso con Cristo Resucitado.

La Cruz de Jesús no asegura una vida cómoda, pero sí un corazón enamorado, a semejanza del Crucificado. La elección entre la comodidad y el amor depende de Ud.

Ser amigo de la Cruz y vivir enamorado de Dios le llevará a comportarse de un modo distinto, con un estilo de vida que llamará poderosamente la atención en muchos ambientes. El Crucificado le dará fuerza y alegría para ir contracorriente, difundiendo eficazmente a su alrededor el principio activo de la Cruz: el amor, la felicidad.


5. ADVERTENCIAS

Siempre cuesta llevar la cruz, especialmente cuando se presenta sin buscarla.


Si ha vivido lejos de Dios, es probable que experimente alguno de estos síntomas, con mayor o menor intensidad, según sus circunstancias:

Puede:

- costarle reconocerse pecador y no aceptar la realidad del pecado en su vida.
- vivir como si Dios no existiera.
- Sufrir debilidad espiritual, especialmente si lleva mucho tiempo en esa situación.
- Padecer algún trastorno interior: soberbia, lujuria, ira, avaricia, etc.
- Haberle creado fuertes dependencias una vida moral desordenada.

Se conocen casos en los que el alejamiento de Dios ha llevado a la ansiedad, al consumismo, a la desesperanza, al materialismo, al cinismo, al fanatismo, al nihilismo, etc.

Si usted está embarazada comprenderá de una forma muy especial el sentido de la Cruz, ya que está padeciendo por amor las molestias de su embarazo, consciente de que su amor es vida y da la vida. Es lo mismo que hizo el Crucificado por nosotros: por medio de sus dolores nos dio la Vida y nacimos a la Vida eterna.


6. DOSIS

En esta Medicina no hay riesgo de sobredosis. El corazón ansía el amor verdadero:” nos hiciste, Señor, para Ti, e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en Ti” (San Agustín).
El proceso de curación del crucifijo sigue los pasos siguientes:

- en primer lugar, se reconocerá pecador y diagnosticará el mal como lo que es: un pecado personal: “la primera obra de la gracia del Espíritu Santo es la conversión. El hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, acogiendo así el perdón y la gracia de lo alto” (Catecismo).

- al mismo tiempo, brotará de su corazón un acto de contrición ante la Cruz de Cristo. No será una simple constatación o un lamento por los propios pecados, considerados como limitaciones, fallos o cosas que pasan. Será un verdadero dolor de amor por haber ofendido al Crucificado.

- ese acto de contrición le permite renovarse, partir de nuevo desde cero. Jesús dice: “hay más alegría en el Cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de Penitencia”.

- recuerde que tiene disponible a un sacerdote en la iglesia más cercana: “la Confesión es un renacimiento espiritual, que transforma al penitente en una nueva criatura. Este milagro de la gracia sólo puede realizarlo Dios, y lo cumple a través de las palabras y de los gestos del sacerdote” (Benedicto XVI).


7. MODO DE EMPLEO

El crucifijo puede usarse de muy diversas formas, a cualquier hora del día o de la noche.
Procure usarlo diariamente.

El crucifijo se puede:

- llevar encima, del mismo modo que muchas personas llevan la fotografía de los que aman en su agenda, en su cartera, en su móvil, en su salvapantallas o en su coche. Los que aman a
Cristo procuran llevar siempre con ellos su crucifijo, la Cruz de Cristo.

- Situar en muchos lugares. La cruz preside -como signo de paz y amor- ciudades, montañas, cruces de caminos y edificios. Hay crucifijos en millones de hogares, ricos y pobres, de los cinco continentes. Al bautizar a los recién nacidos se les hace la señal de la cruz. Los niños llevan el crucifijo el día de su Primera Comunión. A muchos enfermos la visión del Crucificado les conforta y alienta en medio de sus sufrimientos. Miles de personas fallecen con el crucifijo entre sus manos, y el signo de la cruz predomina en el lugar donde reposan sus restos mortales en espera de la resurrección.

- Mirar y dejarle hablar. “La Cruz es un libro vivo, del que aprendemos definitivamente quiénes somos y cómo debemos actuar. Este libro siempre está abierto ante nosotros” (Juan Pablo II) “¡Miremos a Cristo traspasado en la Cruz! Él es la revelación más impresionante del amor de Dios. Desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar. Al contemplar a Cristo, al mismo tiempo somos contemplados por Él” (Benedicto XVI).

- Besar. El beso al crucifijo es una manifestación profunda de amor a Cristo. Se recomienda vivamente. “Tu crucifijo.-Por cristiano debieras llevar siempre contigo tu crucifijo. Y ponerlo sobre tu mesa de trabajo. Y besarlo antes de darte al descanso y al despertar: y cuando se rebele contra tu alma el pobre cuerpo, bésalo también” (Camino).

- Convertir en oración. Esto se logra acudiendo a la imagen del Crucificado, y preguntándole, mirándole a los ojos: Jesús, Tú, que has muerto de amor por mí, ¿qué quieres que haga?

La oración ante el crucifijo es una fuerza que renueva poderosamente el alma. Otorga energía espiritual para acometer los empeños más grandes. La mejor oración es la que el mismo Cristo nos enseñó:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
Santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.



8. EFECTOS SECUNDARIOS

Tener cerca la Cruz de Cristo le llevará a:

- vivir con alegría, abandonado en las manos de Dios.
- Superar con garbo las dificultades de cada día.
- Tener fortaleza y personalidad para ir contracorriente, aunque en su ambiente social le consideren una persona exagerada.
- Llevar una vida noble y limpia.
- Santificarse en su trabajo y servir a los que viven y trabajan en su entorno.
- Defender con valentía los derechos de Dios, la justicia social, la honestidad profesional y a los más débiles y necesitados de la sociedad.
- Abrir su corazón para escuchar la llamada de Dios a una entrega total.
- Unir sus deseos más profundos a los deseos del Corazón de Cristo.
- Hablar de Dios con desparpajo.


9. SI OMITIÓ TOMAR ESTA MEDICINA

(por pereza, ignorancia o intencionadamente)

Está ampliamente comprobado que lejos del amor de Cristo –la Medicina que sana el corazón- se presentan con más virulencia algunos efectos adversos, frutos del pecado.

Toda persona los experimenta en su interior, de modo diverso y con intensidad variable. Se han descrito los siguientes síntomas, entre otros:

- erupciones de rencor y alteraciones en la capacidad para olvidar las ofensas.
- Tartamudeo al articular palabras de perdón.
- Disminución de la compasión y de la comprensión ante los fallos ajenos.
- Incontinencia de la ira, la lujuria y la soberbia.
- Vértigos de vanidad.
- Secreción salivar paradójica, abundante para las quejas, la crítica y la murmuración; y sequedad de boca, para hablar de Dios en voz alta.
- visión borrosa de la realidad: donde hay hermanos, se ven enemigos.
- Náuseas de egoísmo, que llevan a ignorar o a despreciar a los más débiles.
- Confusión moral.
- Tendencia a la pereza, a la injusticia, al robo, etc.
- Insensibilidad ante las necesidades ajenas.
- Brotes de irascibilidad, con proclividad al insulto y la denigración.
- Amnesia de los pecados cometidos y pérdida parcial de memoria que pretende justificar la mentira.

En casos extremos se puede llegar al odio, la violencia, el asesinato, etc.

Es frecuente que se produzcan efectos visibles y constatables desde el punto de vista somático.

En muchos casos, se detectan fácilmente en la mirada.

Es aconsejable realizar, con la ayuda de Cristo, una autoexploración interior, para conocer cuáles de estos síntomas –y en que medida- se padecen personalmente. Si tienen carácter grave, debe acudir lo antes posible al Médico –el sacerdote es su representante en el confesionario- para que le perdone, le sane, y le devuelva la paz. La Confesión es el sacramento de la alegría.

Confesarse=fiesta=alegría: en el Cielo y en el corazón.

A continuación se recomienda vivamente recibir al Señor en la Eucaristía. Conviene recordar que “quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar” (Catecismo)


10. DURACIÓN DE ESTE TRATAMIENTO

Toda la vida.

Recuerde: cuanto más se una a la Cruz, mayor será el influjo de su principio activo.

Su uso intenso y continuado potenciará el efecto del amor en las diversas facetas de su vida.


11. CADUCIDAD

Este medicamento no tiene fecha de caducidad. La Cruz de Cristo es la Medicina definitiva. No caduca nunca: “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (San Pablo).


12. PRESENTACIÓN

Crucifijo de metal con la imagen de Cristo Crucificado. La Cruz original era de madera tosca.
La crucifixión era la tortura más atroz, el castigo reservado a los esclavos.

Mantenga el crucifijo al alcance y a la vista de niños, jóvenes y mayores (todos encontrarán en la Cruz de Cristo la verdadera felicidad, para sí mismos y para los demás).


Junto a la Cruz se encuentra su Madre –nuestra Madre- María. Tiene a dos hijos frente a frente: a Jesús crucificado y al lector de este prospecto.

NO PRECISA RECETA MÉDICA

5 comentarios:

Miblog. Ángel dijo...

Buenísimo

Marta Salazar dijo...

Te lo debo a ti !

menos cuento Susi dijo...

interesante.Eso esta sacado el diccionario de simbolos?. saludos

Marta Salazar dijo...

pregunta para Ángel! a mí me llegó por mail. Un saludo grande, Susi!

Miblog. Ángel dijo...

de la web www.ponlacara.com